La mujer sin miedo

Hay criminales que proclaman, tan campantes, “la maté porque era mía“.

Así, no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia el derecho de propiedad privada que hace al hombre dueño de la mujer.

Pero ninguno, ¡ninguno!, ni el más macho de los súper machos, tiene la valentía de confesar “la maté por miedo“.

Porque, al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.

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